Aranceles de Trump ilegales: ¿victoria o nuevo problema?
El 20 de febrero de 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos declaró inconstitucionales los aranceles recíprocos impuestos por Donald Trump, limitando el poder ejecutivo sobre la política comercial y generando incertidumbre geopolítica en un momento de tensiones globales y reordenamiento del libre comercio.
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El viernes 20 de febrero de 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos emitió un fallo que marca un hito en la política comercial global: por 6 votos contra 3, determinó que los aranceles “recíprocos” impuestos durante la administración Trump eran ilegales porque el presidente no contaba con la autoridad constitucional para imponer gravámenes unilateralmente bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA).
La decisión, de impacto inmediato, obliga a detener la recaudación de esos aranceles y pone en riesgo más de 175.000 millones de dólares en ingresos ya cobrados. Este fallo no solo limita el poder del Ejecutivo estadounidense sino que también reconfigura el entramado geopolítico del comercio global.
Para economistas y analistas, la sentencia representa la reafirmación de que solo el Congreso puede legislar sobre impuestos y comercio, una barrera constitucional que reduce la discrecionalidad presidencial en tiempos de paz. En un contexto donde Estados Unidos había elevado aranceles sobre China, México, Canadá y la Unión Europea como parte de una estrategia de presión económica, el fallo cuestiona la lógica unilateralista que impulsó la política exterior reciente.
La respuesta internacional fue inmediata. China calificó la situación de dañina para las relaciones comerciales y reforzó sus posiciones en negociaciones con Washington, mientras que la Unión Europea exigió claridad y respeto a acuerdos vigentes para evitar que las políticas arancelarias arbitrarias afecten el comercio transatlántico.
Este remezón llega en un momento en que el mundo se encuentra inmerso en un reordenamiento estratégico del sistema internacional, donde la doctrina de poder estadounidense —en su versión contemporánea— se enfrenta a limitaciones institucionales internas y a exigencias de aliados y adversarios. En la práctica, la sentencia de la Corte Suprema reduce herramientas unilaterales de coerción económica que, en los últimos años, recordaron dinámicas propias de la política exterior del siglo XIX, como la Doctrina Monroe, reinterpretada hoy en clave de dominio comercial más que de mera influencia hemisférica.
Aunque el presidente Trump ha anunciado nuevos aranceles bajo otras leyes, la incertidumbre sobre la dirección de la política comercial estadounidense se ha intensificado, afectando mercados y cadenas de suministro globales. En este nuevo escenario, la Corte ha dejado claro que la Constitución y el equilibrio de poderes siguen siendo piezas fundamentales en la geopolítica del siglo XXI, obligando a Estados Unidos a reconfigurar su enfoque en un mundo cada vez más multipolar.
