Argentina y Brasil: la isla que todavía flota
El Anuario 2025 de Fundar advierte que el vínculo industrial entre Argentina y Brasil sostiene el núcleo tecnológico exportador de la región. Pero sin coordinación estratégica ni políticas comunes, esa “isla de complejidad” corre el riesgo de hundirse.
INDUSTRIA
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La integración productiva entre Argentina y Brasil vuelve a ocupar un lugar central en la agenda del desarrollo regional. El Anuario 2025 de Fundar, titulado Sin miedo al cambio, analiza el estado actual del comercio bilateral y plantea una pregunta clave: ¿cómo sostener y proyectar el único núcleo de exportaciones industriales de alta y media tecnología que todavía sobrevive en el Mercosur?
En 2023 Argentina exportó US$ 66.788 millones. De ese total, el 17,7% tuvo como destino Brasil. El dato es relevante, pero lo verdaderamente estratégico es su composición: Brasil absorbió el 56% de las exportaciones argentinas de manufacturas de tecnología media y alta. En un contexto de primarización y retroceso industrial, la relación bilateral mantiene a flote una “isla de complejidad exportadora” que genera empleo, escala productiva y encadenamientos tecnológicos.
El fenómeno es recíproco. Aunque Argentina representa apenas el 5% de las exportaciones totales brasileñas, capta el 15% de sus ventas de bienes de tecnología media-alta. Esto convierte al eje binacional en el principal soporte de la industria exportadora de ambos países. La industria automotriz, la maquinaria, el acero procesado y los plásticos lideraron esta expansión, replicando una lógica iniciada en los años ochenta con los protocolos de cooperación que dieron origen al Mercosur.
Sin embargo, esa isla está cada vez más aislada. Fundar señala que las cadenas regionales de valor no lograron proyectarse hacia el comercio mundial. Mientras que en la Unión Europea y en ASEAN la integración productiva derivó en inserción global, en el Mercosur el comercio se volvió introspectivo: los bienes industriales se intercambian dentro del bloque, pero no escalan hacia terceros mercados.
Las asimetrías profundizan esta fragilidad. El valor agregado brasileño contenido en las exportaciones industriales argentinas alcanza el 21,2%, mientras que el valor agregado argentino en las exportaciones brasileñas es apenas del 3,49%. A esto se suma el avance de China como proveedor de insumos industriales en la región, desplazando el contenido productivo regional.
El problema no es solo comercial, sino estratégico. Brasil impulsa su programa “Nova Industria Brasil” para fortalecer su base manufacturera, mientras que Argentina prioriza la atracción de inversiones en sectores extractivos mediante el RIGI. Ninguno de los dos modelos incorpora una perspectiva de integración regional.
Fundar concluye que el desafío es claro: apuntalar la competitividad, alinear incentivos y construir políticas comunes para que esta isla de complejidad no naufrague. Porque en un mar de commodities, el único territorio industrial compartido que aún flota entre Argentina y Brasil define el futuro productivo del Mercosur.
