Cuando Río Cuarto quiso planificarse

En diciembre de 1962, el urbanista Ernesto La Padula llegó a Río Cuarto para discutir una ciudad que ya enfrentaba densificación, congestión y problemas de tránsito. 64 años más tarde, más de medio siglo, un documento recuperado del Archivo Histórico devuelve una pregunta incómodamente vigente: ¿cuánto hemos aprendido a planificar?

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La historia apareció entre los documentos que la arquitecta y urbanista Mabel Carbonari viene recuperando del Archivo Histórico de Río Cuarto como parte de un trabajo orientado a reconstruir los antecedentes de la planificación de la ciudad. En diálogo con GloCal, Carbonari facilitó una edición del diario La Calle del 15 de diciembre de 1962. Allí se registra un episodio poco recordado: dos días antes, el arquitecto Ernesto La Padula había disertado en el Palacio Municipal sobre el presente y el futuro urbano de Río Cuarto.

La Padula no era un visitante circunstancial. Profesor de Urbanismo y director del Plan Regulador de Córdoba, había sido invitado por el Centro Comercial e Industrial y fue presentado por el secretario de Gobierno y Hacienda municipal, Héctor Denner. La Calle publicó luego el texto de su conferencia bajo un título contundente: “Planificar para sobrevivir”.

Y La Padula hablaba de problemas concretos. Cuestionaba la concentración de población y edificios alrededor de la plaza central, analizaba el crecimiento en altura y discutía automóviles, estacionamiento, semáforos, taxis y cambios de sentido de circulación. En particular, advertía sobre las consecuencias de reunir cientos de familias —y sus vehículos— en unas pocas manzanas del centro.

La conferencia se inscribía en una ciudad que discutía instrumentos de planificación urbana y vial. El contexto político era excepcional: Río Cuarto atravesaba la inestabilidad institucional de 1962 y el municipio se encontraba entonces bajo la conducción de Eglé Rodolfo Svendsen.

Pero el documento recuperado por Carbonari adquiere otro valor leído desde el presente. La Padula sostenía que las ciudades acumulaban problemas cuando aceptaban la improvisación como forma de crecimiento. Planificar suponía anticiparse: decidir cómo circular, dónde vivir, qué densidades admitir y hacia dónde expandir la ciudad antes de que la suma de decisiones particulares terminara definiéndola.

En 1962, Río Cuarto ya discutía densificación, movilidad, centralidad y expansión urbana.

Sesenta y cuatro años después, recuperar aquella discusión no constituye solamente un ejercicio de memoria. Permite formular una pregunta bastante más incómoda: ¿cuánto de lo que hoy presentamos como nuevos problemas urbanos ya había sido pensado, y advertido, hace más de medio siglo?

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