Cuento chino, cuento brasilero

Mientras en Argentina se intensifica el debate sobre la apertura de importaciones y la amenaza de deterioro de la cadena de valor de la industria textil local, Brasil ofrece un caso de aprendizaje: un intento de integrar a la gigante Shein en su aparato productivo con oportunidades enormes y límites estructurales evidentes.

INDUSTRIA

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En 2023, Shein, el gigante chino del fast-fashion, prometió transformar Brasil en un centro de producción para toda Latinoamérica con una inversión anunciada de US$150 millones, 2.000 fábricas locales asociadas y la creación de hasta 100.000 empleos para 2026. Sin embargo, lo que empezó como un ambicioso proyecto de relanzar la industria textil brasileña con capitales globales hoy muestra tensiones profundas entre promesas corporativas y realidades productivas.

Al principio, Brasil firmó alianzas con unas 336 fábricas locales en diversos estados, y la expectativa era que la producción local abasteciera no solo al mercado interno sino a toda Latinoamérica. Pero el plan se estancó: dueños de talleres y representantes del sector textil denunciaron que Shein exigía precios y plazos de entrega que eran prácticamente inviables bajo las normas laborales, fiscales y logísticas del país. Las estrictas regulaciones laborales, la infraestructura dispersa del país y la necesidad de precios ultra bajos generaron un choque entre el modelo de fast-fashion y la producción local, que opera con otra escala y otros costos.

Voces del sector señalan que la promesa de 100.000 empleos y 2.000 fábricas nunca se consolidó y que muchas empresas cancelaron sus acuerdos o abandonaron las negociaciones, inconformes con las demandas de la compañía. Shein admite que la producción local “requiere tiempo para madurar” y ha comenzado a adoptar una estrategia más selectiva con las fábricas más capaces, al tiempo que fortalece su marketplace digital, que ya apoya a decenas de miles de vendedores brasileños.

El contraste entre lo anunciado y lo ejecutado ofrece lecciones valiosas. Por un lado, la iniciativa reflejó una oportunidad para acercar cadenas globales de valor a la producción local y diversificar una economía textil que enfrenta competencia externa. Por otro, expuso las limitaciones de los modelos de producción globalizados cuando se trasladan sin suficiente adecuación a los contextos normativos y productivos de economías intermedias como la brasileña.

Frente a este escenario, sindicatos, asociaciones textiles y economistas brasileños han analizado por qué la estrategia Shein colisionó con regulaciones laborales, exigencias de costos y dinámicas propias del mercado. Además, el posicionamiento de Shein en Brasil no se da en el vacío del comercio electrónico competitivo: rivales como Amazon, MercadoLibre o Temu presionan por participación de mercado mientras las políticas fiscales y arancelarias cambian.

El sueño de transformar Brasil en una fábrica de moda para Latinoamérica queda, por ahora, en un cruce entre lo promocionado y lo practicable: una historia de promesas globales enfrentadas a las reglas y realidades locales.