De la universidad imaginaria a la universidad imaginada

La UNRC presentó la actualización de su Plan Estratégico Institucional. El documento proyecta una universidad inclusiva, innovadora y vinculada al territorio. El desafío comienza ahora: convertir ese horizonte compartido en capacidad institucional para reconocer problemas y producir transformaciones concretas.

SOCIAL

GloCal

La Universidad Nacional de Río Cuarto puso en discusión una nueva versión de su Plan Estratégico Institucional (PEI). El documento ordena el futuro deseado alrededor de siete grandes ejes: formación académica; investigación, extensión y vinculación; gestión; sostenibilidad ambiental; bienestar; infraestructura y servicios; y comunicación. De ellos se desprenden 23 objetivos y 58 actividades estratégicas.

La universidad imaginada por el Plan tiene rasgos definidos. No alcanza con garantizar el ingreso: hay que sostener trayectorias y favorecer el egreso. La formación debe dialogar con problemas sociales, productivos y ambientales. Investigación, extensión y vinculación deben contribuir al desarrollo territorial. La gestión deberá integrar procesos, información y evaluación. Bienestar y sostenibilidad dejan, además, de ocupar lugares periféricos para atravesar la política universitaria.

La amplitud es una fortaleza, pero abre una pregunta inevitable. Cuando todos los objetivos son importantes, ¿cómo se establecen prioridades? Infraestructura, investigación, inclusión, bienestar, internacionalización y vinculación demandan recursos que son limitados. El verdadero contenido estratégico aparecerá cuando el horizonte compartido deba traducirse en decisiones, presupuestos y capacidades institucionales.

Desde el territorio surge una segunda pregunta. El PEI abre numerosas puertas para empresas, municipios, escuelas, hospitales, cooperativas y organizaciones sociales. Pueden aportar problemas, participar en proyectos y constituirse en espacios de aprendizaje y cooperación. El salto pendiente es pasar de un territorio que presenta demandas a otro que también interviene en la construcción de los problemas que la Universidad decide conocer y transformar.

Allí aparece una distinción decisiva para una agenda de desarrollo. No es lo mismo disponer de un mapa de las capacidades universitarias —laboratorios, investigadores, conocimientos, servicios— que construir un mapa de los problemas regionales y preguntarse qué capacidades deben movilizarse para abordarlos. Tampoco todos los actores tienen iguales posibilidades de convertir sus necesidades en demandas universitarias.

El PEI no tiene por qué resolver por sí mismo estas cuestiones. Su función es otra: construir horizonte, ordenar prioridades institucionales y ofrecer continuidad. Pero su potencia se jugará en el movimiento siguiente.

La distancia entre una universidad imaginaria y una universidad imaginada está precisamente allí. La primera puede existir en el discurso. La segunda exige convertir aspiraciones en problemas comprendidos, prioridades, recursos, actores y decisiones. El nuevo PEI ya dibujó un futuro posible. Ahora comienza la tarea más difícil: construir las capacidades para producirlo.

Conexiones

Impulsamos el potencial productivo de Argentina.

© 2025. All rights reserved.