Después de la AgTech Week

La AgTech Week proyectó a Río Cuarto hacia los ecosistemas globales de innovación. Terminado el encuentro, queda una discusión más profunda: cómo convertir esas conexiones, inversiones y capacidades tecnológicas en empresas, empleo, conocimiento y poder económico que permanezcan en el territorio.

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La segunda AgTech Week dejó algo más que dos jornadas de conferencias, empresas, inversores y referentes internacionales. Dejó expuesta una estrategia: convertir a Río Cuarto en una capital global de la tecnología aplicada al agro, articulando producción, ciencia, conocimiento e inversión.

La apuesta tiene fundamentos. En un radio de 150 kilómetros alrededor de la ciudad se concentran aproximadamente 4,5 millones de hectáreas productivas. A esa plataforma se suman universidades, investigadores, empresas, productores y un ecosistema emprendedor que comienza a construir conexiones internacionales.

Pero, pasado el evento, aparece una pregunta que excede la innovación tecnológica: ¿Río Cuarto quiere insertar sus empresas en las cadenas globales de innovación o quiere construir poder económico territorial utilizando esas cadenas globales?

No son objetivos necesariamente contradictorios. Tampoco significan lo mismo.

Una empresa local puede recibir capital internacional, ingresar a Estados Unidos o Brasil y multiplicar sus ventas conservando en Río Cuarto investigación, empleo calificado, proveedores y capacidad de decisión. En ese caso, la internacionalización fortalece el territorio.

También puede ocurrir otro recorrido. Universidades, investigadores, productores y políticas públicas pueden contribuir a desarrollar capacidades que luego deriven en empresas cuya propiedad intelectual, financiamiento, dirección y excedentes terminen concentrándose fuera de la región. La empresa habrá escalado; el impacto territorial será diferente.

Entre ambos extremos existen múltiples combinaciones. Allí aparece el desafío de gobernar la inserción internacional.

La propia AgTech Week mostró hacia dónde apunta el modelo: uno de sus tres ejes fue “Clusters del Mundo”; hubo rondas de vinculación con India, Brasil y Estados Unidos y startups cordobesas ya tienen presencia en St. Louis.

Río Cuarto posee una extraordinaria ventaja agropecuaria. El desafío es utilizarla para construir otras: biotecnología, software, inteligencia artificial, automatización y servicios intensivos en conocimiento.

Por eso, el éxito de Capital AgTech no debería medirse solamente por startups, rondas de inversión o conexiones internacionales. También habrá que observar cuánto conocimiento queda, cuánto empleo se genera, dónde se toman las decisiones y cuánto excedente vuelve a invertirse.

Construir una Capital AgTech también será decidir qué parte de las empresas que salen al mundo sigue creciendo desde Río Cuarto.

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