Destino Chile

Una caravana de emprendedores, agroindustriales y visionarios de Río Cuarto se prepara para cruzar la cordillera: el programa ADN Exportador impulsa una misión comercial a Chile que promete abrir puertas, mercados y sueños más allá de nuestras fronteras.

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Es temprano en el Polo Científico Tecnológico de Río Cuarto. Entre cafés humeantes y pantallas que proyectan rutas y oportunidades, se respira algo más que expectativa: se siente un latido colectivamente orientado hacia el mundo.

“Esto no es solo exportar productos, es exportar confianza, ambición y pensamiento estratégico”, dice con entusiasmo Esteban Carranza, secretario de Desarrollo Económico de la Municipalidad de Río Cuarto, en una charla con Así son las Cosas. Para él, el ADN de la ciudad se está redefiniendo: “Hay un punto de partida interesante en la región y es una oportunidad para mejorar el desarrollo económico”, enfatiza.

Esa visión no está vacía ni improvisada. La ciudad se prepara para una misión comercial a Chile, organizada en el marco del programa ADN Exportador junto al Centro Empresario, Comercial, Industrial y de Servicios (CECIS) y articulada con la Cancillería Argentina y la Embajada en Santiago.

La travesía —prevista tentativamente para mayo— no es un viaje de turismo: es una expedición de propósito. Su objetivo es claro: abrir puertas al mercado chileno, especialmente en sectores como alimentos y bebidas, y sentar las bases de una internacionalización sostenida que trascienda la geografía cordobesa.

Desde el salón donde se ultiman detalles logísticos, Paola Fiorimanti, referente de Comercio Exterior del CECIS, comparte: “Chile es una plataforma estratégica por su cercanía logística y estabilidad de mercado; queremos que el Río Cuarto productivo se muestre con firmeza allá”.

Entre los emprendedores que tomarán esa ruta, late un espíritu similar al de los pioneros: arriesgar, probar y abrir nuevos horizontes. No se trata solo de vender queso o aceites locales, sino de colocar una marca, una historia y una identidad regional en la vitrina del mercado global.

Y mientras los boletos se confirman y las agendas se afinan, las miradas de quienes participan hablan de otra cosa: una ciudad que deja de ser espectadora para convertirse en protagonista de su propio relato exportador.

“Nunca calificaría un sueño como “mucho”, dice Carranza con una sonrisa que parece desafiar cualquier duda. Y esa frase, más que palabras, resulta ser un manifiesto: Río Cuarto va por más, y esta misión a Chile es solo el comienzo del giro hacia un destino global.