Educación con el pie en el acelerador
Estudiantes del Colegio Técnico La Base realizaron prácticas profesionalizantes durante la fecha del Turismo Nacional en Río Cuarto. Conversamos con la inspectora de Educación Técnica, Delia Cavallini, sobre una experiencia que busca conectar escuela, ingeniería, trabajo y vida cotidiana.
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Este 19 y 20 de septiembre, mientras los motores del Turismo Nacional volvieron a ocupar el Autódromo de Río Cuarto, un grupo de estudiantes tendrá una experiencia diferente. Los alumnos del IPET N.º 258 “Mayor Ingeniero Francisco de Arteaga”, la tradicional escuela de La Base de Las Higueras, realizaron prácticas profesionalizantes en los boxes, en contacto directo con uno de los acontecimientos deportivos más importantes que recibe la ciudad.
Pero detrás de la carrera hay algo más.
La inspectora de Educación Técnica Delia Cavallini propone pensar la experiencia desde una pregunta sencilla: ¿qué sucede cuando aquello que un estudiante aprende encuentra un lugar concreto donde cobrar sentido?
El automovilismo ofrece una respuesta particularmente interesante. Un auto de competición puede ser espectáculo, pero alrededor suyo existe también una trama de mecánica, electricidad, electrónica, materiales, logística, seguridad, organización e ingeniería. Conviven allí la industria metalmecánica y una potente industria cultural capaz de movilizar miles de personas.
Entrar a boxes significa entonces ingresar a un ambiente donde muchos conocimientos que la escuela presenta necesariamente por separado aparecen funcionando juntos.
Ese mismo principio explica el diálogo que Cavallini viene promoviendo con la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Río Cuarto. No se trata de sostener que las ingenierías locales forman específicamente para construir autos de carrera. Se trata de acercar las disciplinas a experiencias capaces de despertar preguntas sobre la tecnología, el trabajo y las posibilidades profesionales.
Allí aparece uno de los desafíos de la educación técnica: construir puentes entre el aula, la universidad y el mundo productivo.
También hay una oportunidad para Río Cuarto. Cuando un acontecimiento nacional llega a la ciudad, su impacto no tiene por qué terminar en las entradas vendidas, los hoteles ocupados o el movimiento gastronómico. El autódromo también puede convertirse, durante un fin de semana, en un espacio educativo.
Quizás una práctica profesionalizante sea significativa precisamente por eso: porque permite que un joven pueda mirar aquello que estudia y reconocerlo funcionando en el mundo.
