El talento no escala solo
Desde una mirada latinoamericana y basada en evidencia, GEIAL —una red regional que analiza y compara ecosistemas urbanos— propone abandonar recetas importadas y pensar el emprendimiento como un proceso colectivo, territorial y sostenido, donde el desarrollo no surge de la improvisación sino de reglas, redes y acuerdos.
SOCIAL
GloCal


El talento no escala solo
Desde una mirada latinoamericana y basada en evidencia, GEIAL —una red regional que analiza y compara ecosistemas urbanos— propone abandonar recetas importadas y pensar el emprendimiento como un proceso colectivo, territorial y sostenido, donde el desarrollo no surge de la improvisación sino de reglas, redes y acuerdos.
¿Cómo construir ecosistemas emprendedores de alto desempeño?
La pregunta se repite en foros, planes estratégicos y discursos oficiales, pero rara vez se responde con honestidad. Porque construir ecosistemas emprendedores de alto desempeño no es inaugurar una incubadora, lanzar un concurso de startups o copiar modelos del norte global. Es, ante todo, un proceso político, social y económico de largo plazo, profundamente anclado en cada territorio.
El diagnóstico es claro y surge de años de medición comparada en ciudades de toda América Latina: los ecosistemas no dependen solo del talento individual. Como sostiene GEIAL, el desempeño emprendedor es el resultado de condiciones sistémicas que se acumulan en el tiempo. Cultura, educación, empresas, financiamiento, políticas públicas, redes y gobernanza funcionan como un entramado. Cuando una de estas piezas falla, el sistema entero pierde potencia.
El primer pilar es el capital humano emprendedor. No alcanza con celebrar al emprendedor como figura heroica. Hace falta formar capacidades reales: gestión, tecnología, visión estratégica, tolerancia al riesgo y aprendizaje del error. La cultura importa, pero también importa que el sistema educativo —universidades, escuelas técnicas y formación profesional— dialogue con los desafíos productivos concretos del territorio.
El segundo eje son las fuentes de oportunidades. Los ecosistemas más dinámicos no emprenden en el vacío: lo hacen sobre demandas reales. Empresas existentes, cadenas de valor regionales, sector público y plataformas de ciencia y tecnología son motores clave. Allí donde las startups se vinculan con problemas productivos concretos, el emprendimiento deja de ser una moda y se convierte en desarrollo.
El tercer componente es el más crítico y persistente: los factores viabilizadores. Financiamiento, redes de contacto, apoyo institucional, políticas públicas y regulaciones. En América Latina, el financiamiento privado sigue siendo el gran cuello de botella, especialmente para escalar. A esto se suma una arquitectura normativa que muchas veces desalienta más de lo que impulsa.
Pero hay un factor transversal que ordena todo: la gobernanza del ecosistema. Sin espacios estables de coordinación, sin agendas compartidas y sin confianza entre actores, los esfuerzos se fragmentan. Muchas ciudades tienen iniciativas valiosas, pero pocas logran sostener una estrategia común en el tiempo.
Los ecosistemas de alto desempeño no nacen de golpes de efecto ni de historias individuales de éxito. Se construyen con acumulación, aprendizaje colectivo y liderazgo distribuido. Porque el talento, por sí solo, no escala: escala cuando encuentra reglas claras, redes activas y un territorio capaz de convertir capacidades en desarrollo.
