Energía para decidir el futuro
En Río Cuarto, la universidad, la política y la producción se sentaron en una misma mesa para pensar la matriz energética de Córdoba. Datos, diálogo y territorio marcaron una jornada con vocación de futuro compartido.
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Hay momentos en los que una ciudad se piensa a sí misma. No desde la urgencia, sino desde la posibilidad. La Jornada de Política Energética en el Polo Científico Tecnológico de Río Cuarto tuvo algo de eso: una pausa activa para mirar el presente con datos y proyectar el futuro con responsabilidad.
El auditorio, colmado, era una escena en sí misma. Académicos, funcionarios, empresarios, técnicos. Una trama diversa que no siempre coincide en los diagnósticos, pero que esta vez compartía algo más profundo: la necesidad de entender hacia dónde va la energía en Córdoba y, con ella, el desarrollo.
La apertura tuvo un tono claro. No fue protocolar. Fue política en el mejor sentido. Pablo De La Barrera, decano anfitrión, puso el eje en el origen y en el método: “esto que nació en la Facultad de Ingeniería ha sido clave llevarlo a la Comisión de Universidad y Territorio para democratizar y generar decisiones basadas en datos”. La frase quedó flotando como una síntesis potente: conocimiento que sale del aula y se convierte en herramienta pública.
A su lado, la rectora Marisa Rovera fue más allá del diagnóstico técnico. Habló de sentido. De inclusión. De contexto. “Generar una política de desarrollo con impacto social que nos incluya a todos”, dijo, en una intervención que también funcionó como posicionamiento: la universidad pública no se repliega, se compromete, incluso —y sobre todo— cuando el contexto aprieta.
La presencia institucional fue amplia y transversal. Decanos de distintas facultades, como Cristian Santos y German Barros, autoridades actuales y exrectores como Roberto Rovere y Marcelo Ruiz aportaron volumen político a una jornada que no quiso quedarse en lo declarativo. También estuvo Rosendo Liboa, sumando la mirada estratégica del sector agropecuario a una discusión que atraviesa toda la matriz productiva.
Pero el corazón del encuentro estuvo en el cruce entre ciencia y decisión. El concepto de EROI, presentado por el profesor David Murphy, funcionó como una bisagra: poner en números la energía que producimos y la que gastamos para producirla obliga a pensar en términos más reales. Menos épicos, más concretos.
Después vino el taller. Las mesas, las discusiones, las ideas que se escriben rápido en hojas compartidas. Ahí apareció lo más interesante: la posibilidad de construir acuerdos mínimos en un tema donde sobran tensiones.
Río Cuarto no resolvió su futuro energético en una tarde. Pero hizo algo más valioso: empezó a discutirlo en serio. Y en estos tiempos, eso ya es una señal.
