Energía y poder
El profesor David Murphy expuso en la UNRC una mirada estratégica sobre la transición energética: no es solo tecnológica, sino económica y geopolítica. El concepto de EROI emerge como clave para entender el desarrollo y sus límites.
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En el marco de la jornada de política energética de la Universidad Nacional de Río Cuarto, el profesor David Murphy propuso una lectura profunda y poco habitual sobre la transición energética global. Lejos de abordarla como un simple reemplazo de tecnologías, la definió como un proceso estructural que redefine la base material de la economía.
Según explicó, una transición energética ocurre cuando alrededor del 50% del suministro energético de una sociedad proviene de nuevas fuentes. En ese sentido, la humanidad ya atravesó dos grandes transformaciones —de la biomasa al carbón, y del carbón al petróleo y gas— y hoy se encuentra en plena tercera transición: hacia las energías renovables.
El eje conceptual de la exposición fue el EROI (Retorno Energético sobre la Inversión), un indicador que mide cuánta energía se obtiene en relación con la energía utilizada para producirla. “No toda la energía es igual”, planteó Murphy, al comparar el petróleo convencional del siglo XX —con retornos cercanos a 100 a 1— con fuentes actuales mucho más intensivas, como las arenas bituminosas, cuyo rendimiento ronda apenas 3 a 1.
Este enfoque permite comprender un aspecto central: lo que sostiene a la economía no es la energía total, sino la energía excedente. Edificios, transporte, industria y servicios requieren un flujo constante de energía neta para funcionar. En ese marco, advirtió sobre el llamado “precipicio de energía neta”, una relación no lineal donde pequeñas caídas en el EROI pueden generar fuertes reducciones en la energía disponible para la sociedad.
Frente al interrogante sobre si las energías renovables pueden sostener ese umbral, Murphy fue claro: la evidencia académica muestra que tecnologías como la solar y la eólica se ubican por encima del nivel necesario para sostener una sociedad moderna, aunque con variaciones según geografía, tecnología y condiciones de implementación.
Sin embargo, el desafío no es solo tecnológico. El caso de California mostró los límites de una planificación centrada únicamente en costos de generación, sin considerar el sistema en su conjunto. La expansión acelerada de la energía solar generó tensiones en la red, problemas de estabilidad y, paradójicamente, altos precios eléctricos.
En el cierre, el académico subrayó que la energía es también una cuestión de poder. En un mundo donde los recursos energéticos definen la competitividad y la autonomía, la transición en curso abre una nueva disputa geopolítica. “No se trata solo de producir energía, sino de planificar el sistema que la sostiene”, concluyó.
