Industria: la alerta ya es laboral

La actividad metalúrgica volvió a caer en mayo y la utilización de la capacidad instalada alcanzó uno de los niveles más bajos de los últimos años. Mientras persiste la cautela empresaria, comienzan a observarse señales de deterioro en el empleo industrial.

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La industria metalúrgica argentina continúa atravesando un escenario complejo. Según el último informe elaborado por ADIMRA, la producción registró en mayo una caída interanual del 5,1% y acumula una contracción del 6,0% durante los primeros meses de 2026. Sin embargo, detrás de estos indicadores coyunturales emerge una preocupación más profunda: la dificultad para sostener las capacidades productivas construidas durante décadas.

El dato más significativo del relevamiento es la utilización de la capacidad instalada. Durante mayo apenas alcanzó el 39,8%, uno de los niveles más bajos de la serie histórica. En términos concretos, significa que más de la mitad de la capacidad industrial disponible permanece sin utilizar.

Esta situación no sólo afecta a las empresas. La capacidad instalada representa inversiones, tecnología, conocimiento acumulado, proveedores especializados y trabajadores capacitados. Cuando una economía opera durante períodos prolongados con altos niveles de ociosidad, comienza a deteriorarse parte de ese capital productivo que constituye la base de su competitividad futura.

En ese contexto, el empleo empieza a mostrar señales de desgaste. El informe registra una caída interanual del 2,2% en los puestos de trabajo del sector y una nueva disminución respecto del mes anterior. Si bien el retroceso es menor que la caída de la producción, el dato confirma que la prolongación de la crisis comienza a impactar sobre uno de los principales activos de la industria: sus recursos humanos.

La situación se replica en las principales provincias metalúrgicas del país. Buenos Aires cayó 5,9%, Santa Fe 5,1% y Córdoba 4,1%, evidenciando que la desaceleración alcanza a los principales polos manufactureros argentinos.

A ello se suma un contexto de creciente presión competitiva. Aunque las importaciones metalúrgicas todavía se ubican por debajo de los niveles del año pasado, durante abril mostraron una recuperación respecto del mes previo, mientras la actividad local continúa sin encontrar una senda clara de crecimiento.

Las expectativas empresarias reflejan este escenario. La mayoría de las firmas no prevé cambios significativos en los próximos meses. Predomina la prudencia y aún no aparecen señales firmes de recuperación.

Más que una caída mensual de la producción, los datos exponen un desafío estructural: preservar capacidades productivas, sostener empleo calificado y mantener el entramado industrial que permite generar valor agregado, innovación y desarrollo territorial. La discusión de fondo no es solamente cuánto produce hoy la industria, sino qué capacidades estará en condiciones de movilizar cuando vuelva a crecer la economía.

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