Información valor soja.

La Federación de Acopiadores de Granos denunció en 2026 exigencias “ilegales y abusivas” de exportadores para acceder a información sensible de productores. El reclamo expone una nueva tensión en la cadena granaria, entre confidencialidad, poder de mercado y reglas de competencia.

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La disputa por el control de la información volvió a tensar a la cadena granaria argentina. En las primeras semanas de 2026, la Federación de Acopiadores de Granos elevó el tono de sus reclamos públicos y difundió comunicados en los que denuncia exigencias “inéditas, ilegales y abusivas” por parte de empresas exportadoras que operan en el mercado de soja y otros granos.

Según la entidad, determinados exportadores estarían solicitando a acopios y cooperativas datos sensibles de los productores con los que comercializan: identificación registral, ubicación, superficie trabajada y otros elementos que forman parte del corazón del negocio. Para la Federación, no se trata de un requerimiento administrativo inocuo, sino de un intento de apropiación de información estratégica que puede ser utilizada para condicionar operaciones, concentrar poder de compra y alterar la competencia.

El planteo no es menor. En su argumentación, los acopiadores sostienen que esas exigencias no cuentan con respaldo normativo y colisionan con la legislación vigente en materia de protección de datos personales y lealtad comercial. El señalamiento apunta a una práctica que, de consolidarse, podría modificar el equilibrio histórico entre productores, intermediarios y grandes jugadores exportadores.

En declaraciones, la Federación remarcó que los acopios cumplen un rol clave como articuladores territoriales del sistema productivo, financiando campañas, brindando servicios logísticos y sosteniendo vínculos de largo plazo con los productores. En ese marco, la confidencialidad de la información comercial aparece como un activo central para el funcionamiento del mercado.

El conflicto también deja al descubierto un debate más amplio sobre la gobernanza de la cadena agroindustrial. En un contexto de márgenes ajustados, volatilidad internacional y reconfiguración del comercio global, el acceso a datos se convierte en una herramienta de poder. Quién los concentra, para qué y bajo qué reglas es una discusión que excede a los actores directamente involucrados.

Desde la Federación no descartaron avanzar con acciones legales si las exigencias persisten y reclamaron la intervención de los organismos competentes para fijar límites claros. Al mismo tiempo, el episodio reaviva viejas tensiones dentro del complejo granario, donde la puja entre concentración y entramado federal sigue siendo un eje estructural.

La disputa por los datos, en definitiva, funciona como síntoma. Detrás de ella se juega una pregunta más profunda sobre el modelo de comercialización, la transparencia y el equilibrio de poder en una de las principales cadenas productivas del país.