La educación técnica se desangra y también la industria
En el Congreso Nacional de AMET, Gerardo Marchesini expuso la magnitud del desfinanciamiento de la educación técnica y planteó una paradoja: mientras Argentina necesita capacidades productivas para afrontar la revolución tecnológica, debilita las instituciones encargadas de formarlas y desarrollarlas.
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La Argentina enfrenta una contradicción estructural: necesita más técnicos, trabajadores calificados e innovación para transformar su matriz productiva, pero reduce los recursos destinados a formar ese capital humano. La advertencia atravesó la conferencia del profesor Gerardo Marchesini, director del Centro Tecnológico para el Trabajo y la Producción de la Universidad Nacional de Hurlingham, durante el XXVII Encuentro Nacional de AMET, realizado en Córdoba.
Los números presentados fueron contundentes. Según la exposición, el Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional pasó de 264.743 millones de pesos en 2023 a una previsión de 22.803 millones para 2027, expresados en valores constantes de ese último año. Una contracción del 91,4%.
La matrícula también exhibe señales preocupantes. Los datos presentados indican una caída del 28,23% entre 2023 y 2026, particularmente pronunciada en Formación Profesional y educación superior técnica.
Sin embargo, Marchesini planteó que el problema excede la disponibilidad presupuestaria. La pérdida de institucionalidad federal amenaza una construcción histórica que permitió articular políticas educativas nacionales respetando las particularidades productivas de cada provincia.
«Lo que no podemos perder es la institucionalidad», sostuvo, reivindicando el papel de la Comisión Federal de Educación Técnico Profesional y cuestionando la reducción de los recursos establecidos por la Ley 26.058.
Pero su intervención no quedó atrapada en la denuncia. Propuso tres movimientos: resguardar, resistir y reformar.
La revolución tecnológica, argumentó, obliga a repensar un sistema educativo cuyos tiempos institucionales difícilmente acompañan la velocidad de transformación de los procesos industriales. Inteligencia artificial, robótica, automatización y simuladores virtuales están modificando simultáneamente la producción y las formas de aprender los oficios.
La propuesta presentada establece duplicar la matrícula de la educación técnica hasta alcanzar 3,6 millones de estudiantes en 2037, ampliar la formación docente y crear institutos federales que articulen educación secundaria, formación profesional, universidades y certificación de competencias laborales.
Allí emerge una discusión estratégica: la educación técnica no puede limitarse a responder pasivamente a las demandas empresariales, pero tampoco puede organizarse desconectada de las transformaciones del trabajo y los territorios.
El desafío no consiste únicamente en recuperar presupuesto. Supone construir acuerdos entre Estado, instituciones educativas, trabajadores y sectores productivos para definir qué capacidades necesita desarrollar Argentina.
Porque una política industrial sin formación técnica corre el riesgo de convertirse en una promesa sin trabajadores capaces de materializarla.
