La fábrica de bienes públicos

En esta serie, GloCal aborda un problema central para el desarrollo: cómo se producen los bienes que sostienen los ecosistemas productivos. Infraestructura, conocimiento y capacidades colectivas no surgen solas. Requieren organización, reglas e instituciones que las fabriquen de manera deliberada.

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En las próximas semanas, GloCal propone una serie de cuatro artículos para abordar un tema decisivo —y muchas veces invisible— en la discusión sobre desarrollo y consolidación de ecosistemas productivos: la producción de bienes públicos. Lejos de tratarse de un debate abstracto, se trata de comprender por qué aquello que todos necesitamos para crecer rara vez aparece cuando no existe una organización capaz de producirlo.

Infraestructura básica, conocimiento aplicado, sistemas de formación, capacidades productivas compartidas, cohesión social. Estos bienes son condición de posibilidad del desarrollo, pero no resultado automático del crecimiento económico. El enfoque dominante suele asumir que el mercado, la inversión o el “derrame” terminarán generándolos. La evidencia histórica muestra lo contrario: cuando nadie se hace cargo de producirlos, simplemente no existen o lo hacen de manera fragmentada y desigual.

Los bienes públicos tienen una característica estructural que explica este problema. Son indispensables para todos, pero no rentables para nadie en particular. No encajan bien en una lógica basada exclusivamente en retornos privados y decisiones individuales. Por eso, reducirlos a “fallas de mercado” es minimizar su importancia. En realidad, son el corazón mismo de cualquier proceso de desarrollo sostenido.

Pensarlos como productos de una fábrica de bienes públicos permite cambiar el eje del debate. Nada se fabrica sin diseño institucional, sin reglas claras, sin financiamiento y sin trabajo coordinado. Tampoco lo común. El desarrollo no es un fenómeno espontáneo ni un subproducto del mercado, sino el resultado de arreglos sociales que organizan cómo se producen, se financian y se sostienen esos bienes en el tiempo.

Cuando esa fábrica no existe, el escenario se repite: políticas dispersas, proyectos aislados, esfuerzos que no escalan y bienes públicos que dependen del ciclo político o del voluntarismo de algunos actores. No se trata de falta de ideas ni de diagnósticos, sino de la ausencia de una arquitectura institucional capaz de transformar recursos dispersos en capacidades colectivas.

Hablar de la fábrica de bienes públicos implica asumir algo incómodo pero central: producir lo común es una tarea política. Supone definir prioridades, distribuir costos, asumir conflictos y construir acuerdos duraderos. Esa será la pregunta que guíe esta serie. Porque si el desarrollo depende de bienes que no se producen solos, el verdadero problema no es reconocer su importancia, sino entender por qué la fábrica que los produce suele estar ausente o no logra ponerse en marcha.