La inteligencia en disputa

En esta nueva entrega de GloCal, cerramos el recorrido por el ILIA 2025 con una mirada de conjunto. Más que un índice, el informe expone una disputa abierta: si la inteligencia artificial será una palanca de desarrollo o un nuevo factor de dependencia para América Latina.

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Después de recorrer los datos, las dimensiones y los hallazgos del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, queda una certeza incómoda: la inteligencia artificial ya está moldeando el futuro de la región, aun cuando muchos países todavía no han decidido qué hacer con ella. El ILIA funciona así como un espejo: no muestra solo avances tecnológicos, sino las fortalezas y debilidades de los Estados, de los sistemas educativos y de los modelos productivos latinoamericanos.

El informe deja en claro que la IA no avanza en el vacío. Allí donde hay infraestructura digital, políticas públicas activas y sistemas científicos consolidados, la adopción se traduce en innovación, productividad y nuevas capacidades. Donde esos cimientos faltan, la tecnología llega igual, pero lo hace de manera fragmentada, dependiente y sin control estratégico. La brecha no es solo tecnológica: es una brecha de proyecto.

A lo largo del ILIA 2025 aparece una tensión persistente. Por un lado, una región que adopta rápidamente herramientas de inteligencia artificial, que se conecta, experimenta y consume soluciones digitales. Por otro, una región que invierte poco en investigación, que forma escaso talento avanzado y que gobierna la tecnología con marcos aún incompletos. El resultado es una paradoja: mucha IA en uso, poca IA propia.

Desde una perspectiva GloCal, este diagnóstico no debe leerse con fatalismo, sino como advertencia. América Latina no necesita replicar el modelo de Silicon Valley ni competir en escala con las grandes potencias. El propio ILIA muestra caminos alternativos: cooperación regional, código abierto, formación estratégica, adopción situada en problemas locales y políticas públicas que integren desarrollo productivo, inclusión social y sostenibilidad ambiental.

La inteligencia artificial, tal como la presenta el índice, es un fenómeno transversal. Atraviesa la educación, el empleo, la energía, la democracia y la soberanía. Por eso, reducirla a una agenda técnica es un error. La pregunta de fondo no es cuántos puntos obtiene cada país, sino qué tipo de desarrollo quiere construir con esta tecnología.

El ILIA 2025 no ofrece respuestas cerradas. Ofrece algo más valioso: evidencia para decidir. En un mundo que se reorganiza alrededor de los datos y los algoritmos, América Latina todavía está a tiempo de elegir si será solo un territorio de aplicación o un espacio de creación. La inteligencia ya está en juego. Lo que falta definir es quién la conduce y con qué horizonte.