Leer el futuro

Mientras la industria editorial discute ventas, algoritmos y plataformas, la experiencia de Boris Spivacow invita a formular otra pregunta: ¿quién está construyendo lectores? Su legado permite pensar el libro no como mercancía, sino como infraestructura de democratización cultural.

SOCIAL

GloCal

Durante décadas, la industria editorial latinoamericana debatió cómo producir más libros, cómo vender más ejemplares o cómo adaptarse a las transformaciones tecnológicas. Sin embargo, quizás una de las figuras más importantes de la historia del libro en la región estuvo preocupada por otra cuestión: cómo producir más lectores.

Boris Spivacow dirigió Eudeba entre 1958 y 1966 y luego fundó el Centro Editor de América Latina (CEAL). Bajo su conducción, Eudeba publicó millones de ejemplares, creó más de treinta colecciones y desarrolló una red inédita de distribución que incluía librerías, facultades, hospitales, estaciones de tren y kioscos callejeros. Su lema era simple y contundente: “Libros para todos”.

Pero reducir su obra a una experiencia editorial exitosa sería quedarse en la superficie. Como señaló Beatriz Sarlo, Eudeba “modificó el mercado del libro, produciendo una ampliación de público”. La observación es clave. Spivacow no se limitó a abastecer un mercado existente: contribuyó a crearlo.

La mayoría de las editoriales buscan lectores para sus libros. Spivacow parecía hacer exactamente lo contrario: buscaba libros para construir lectores. Los precios bajos, las grandes tiradas, los formatos accesibles y la distribución masiva respondían a una convicción profunda: el conocimiento no debía quedar encerrado en las universidades ni restringido a las élites culturales.

En tiempos donde la industria editorial habla de segmentación, nichos y consumidores, la experiencia de Eudeba recupera una idea casi olvidada: el lector es antes que nada un ciudadano. Por eso la pregunta central no era qué quería comprar el público, sino cómo acercar a públicos diversos todas las expresiones del conocimiento.

Vista desde el presente, la principal innovación de Spivacow no fue editorial sino social. Entendió que la circulación de libros depende de una infraestructura cultural capaz de conectar autores, universidades y lectores. Los kioscos de Eudeba fueron tan importantes como sus catálogos. La distribución fue una política cultural.

Hoy, cuando la concentración empresarial convive con la fragmentación de las audiencias y la competencia de las plataformas digitales, la pregunta que deja Boris Spivacow conserva toda su vigencia: si las editoriales producen libros, ¿quién está produciendo lectores?

Tal vez allí resida su legado más profundo. La gran obra de Spivacow no fueron únicamente los libros que publicó, sino los lectores que ayudó a crear.

Conexiones

Impulsamos el potencial productivo de Argentina.

© 2025. All rights reserved.