Minería y derrame

Mientras la minería y Vaca Muerta concentran inversiones millonarias, industriales metalúrgicos advierten que el verdadero debate sigue siendo cuánto de ese crecimiento queda en la Argentina. Desde Mendoza cuestionan el bajo impacto del RIGI sobre la producción nacional y alertan por la caída de la actividad fabril.

INDUSTRIA

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La discusión sobre minería, petróleo y energía ya no gira solamente alrededor de las inversiones. El interrogante que empieza a atravesar a distintos sectores industriales es otro: cuánto de ese crecimiento derrama efectivamente sobre la economía real y cuánto termina funcionando como una plataforma extractiva con baja integración local.

En ese marco, el empresario mendocino Fabián Solís, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Mendoza (ASINMET), reclamó que el gobierno nacional incorpore una mirada industrial en el desarrollo de los recursos naturales estratégicos. En declaraciones al podcast “No Hay Plata”, difundidas por Punto Pyme, sostuvo que sería importante que el gobierno “tenga en cuenta a la industria nacional en la explotación de los recursos naturales en minería y en petróleo”.

La definición aparece en un momento donde el país proyecta inversiones récord en sectores extractivos. Sin embargo, detrás del entusiasmo financiero, distintos actores industriales comienzan a advertir que la discusión sobre el “compre nacional” y el desarrollo de proveedores locales sigue sin resolverse.

“Principalmente sería un impulsor de la Argentina en estos vectores de crecimiento. Por supuesto desarrollaría toda la comunidad que vive alrededor de estos recursos naturales”, afirmó Solís en diálogo con el medio mendocino.

El dirigente empresario también describió un escenario complejo para la industria metalúrgica de Cuyo. Según señaló a Punto Pyme, la utilización de la capacidad instalada atraviesa una fuerte caída y muchas fábricas trabajan apenas al 40%. La contracción, explicó, impacta sobre sectores vinculados al agro, la construcción y los servicios petroleros.

Pero el núcleo de la crítica apunta al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Para Solís, el esquema actual no garantiza una participación significativa de la industria argentina en los grandes proyectos vinculados a minería, gas y energía. “El mayor problema que tenemos es que el gobierno nacional no tiene una política industrial que incentive e impulse al sector metalúrgico”, afirmó.

Además, cuestionó que el porcentaje de compre local contemplado por el régimen incluya actividades como movimiento de suelo y obra civil, reduciendo así el espacio efectivo para proveedores industriales nacionales.

La discusión excede a Mendoza. En distintas regiones productivas del país comienza a emerger una preocupación común: cómo transformar el boom energético y minero en una estrategia de desarrollo territorial capaz de generar empleo, innovación y entramado industrial, y no solamente exportaciones de recursos naturales.