Motor Naranja

Cosquín.- Con un impacto estimado de 50 000 millones de pesos, el Cosquín Rock 2026 confirma a la industria cultural como un ecosistema productivo sólido, capaz de generar derrames económicos en turismo, consumo y empleo más allá del predio del festival.

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En términos de economía naranja, el Cosquín Rock 2026 se ha afirmado como mucho más que un festival de música: se perfila como un motor económico y cultural estructural para la provincia de Córdoba. Los datos preliminares del Estudio de Triple Impacto del Instituto de Cultura Contemporánea revelan que el evento movilizó alrededor de 50 000 millones de pesos, un volumen que combina ingresos directos e impactos inducidos en todo el territorio regional.

La cifra, significativa para cualquier balance económico local, adquiere mayor relevancia si se considera que más de la mitad de ese movimiento se generó fuera del predio del festival, en sectores como alojamiento, transporte y consumo en comercios y servicios locales. Este tipo de dinamismo confirma que el festival no es un evento aislado, sino un nodo integrador de valor que involucra a diversas industrias creativas y productivas.

La asistencia también refleja esta fuerza: cerca de 90 000 personas participaron de la edición de febrero, con más del 50 % de asistentes provenientes de otras provincias argentinas y un pequeño porcentaje de participantes internacionales. Este perfil federal no solo intensifica la circulación de personas, sino que expande el impacto económico mucho más allá de los límites geográficos locales.

El gasto turístico fue uno de los vectores más contundentes del impacto. El 69,8 % de los asistentes se alojó en la región durante un promedio de cuatro noches, y más de la mitad declaró viajar exclusivamente por el festival. Los sectores de hotelería, transporte terrestre e incluso gastronomía y comercio minorista capitalizaron este flujo, consolidando una temporada alta significativa para el Valle de Punilla.

Desde la perspectiva de la producción cultural, este festival opera como un ecosistema productivo: convoca consumo, trabajo y experiencias; articula formación (con instancias educativas vinculadas al festival mismo) y genera identidad colectiva. La fidelidad del público, evidenciada por la alta proporción de asistentes recurrentes, alimenta una demanda previsible y sostenible, facilitando la planificación estratégica por parte de organizadores, empresarios culturales y actores públicos.

Además, la inclusión de artistas nacionales e internacionales y la coincidencia con el fin de semana largo de Carnaval incrementaron la atracción turística y mediática del festival, elevando su perfil como producto cultural exportable.

En suma, el Cosquín Rock 2026 no solo representa una fiesta musical multitudinaria sino un ejemplo paradigmático de cómo la industria cultural puede constituirse en un sector económico dinamizador. Su impacto en el turismo, el empleo y la economía regional reafirma que las grandes producciones culturales son piezas clave de un modelo productivo donde creatividad e innovación se traducen en crecimiento económico real.