Pensamiento económico, matemático y político
Economista, matemática e intelectual pública, María da Conceição Tavares pensó los limites del desarrollo desde la periferia, uniendo rigor analítico e historia política. Su obra, influyente y discutida, vuelve a interpelar a América Latina en un tiempo de desigualdad, financiarización y Estados tensionados.
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Pensar el desarrollo en América Latina nunca fue un ejercicio neutral. La trayectoria de Maria da Conceição Tavares se construyó precisamente en ese cruce incómodo entre números, historia y poder. Formada en matemática y exiliada de Portugal a Brasil en los años cincuenta, Tavares hizo de la economía una herramienta para leer conflictos reales: quién decide, quién gana y quién queda afuera cuando una sociedad crece.
Su nombre se volvió central en el estructuralismo latinoamericano por una razón concreta: supo discutir el modelo de sustitución de importaciones desde adentro. No lo rechazó como consigna, pero señaló sus límites internos —la dependencia tecnológica, la concentración del ingreso, la fragilidad del financiamiento— y mostró que sin Estado, sin política industrial y sin conflicto social asumido, el desarrollo quedaba atrapado en ciclos de avance y retroceso. Allí combinó análisis cuantitativo con una lectura histórica que evitó tanto el determinismo como la ingenuidad tecnocrática.
Esa mirada la volvió influyente y, al mismo tiempo, polémica. Para corrientes liberales clásicas, su énfasis en el Estado, la planificación y la crítica a los automatismos del mercado fue visto como una subestimación del cálculo económico y de la coordinación espontánea. Para Tavares, en cambio, el problema no era el mercado en abstracto, sino su funcionamiento real en economías periféricas, atravesadas por asimetrías de poder, restricción externa y financiamiento escaso. El desacuerdo no fue menor: fue constitutivo de su legado.
Tavares no se limitó a la academia. Participó en organismos de planificación, intervino en debates públicos, fue diputada federal y una polemista persistente frente al avance neoliberal de los años noventa. En ella, el pensamiento económico, la formación matemática y la acción política no fueron compartimentos estancos, sino una misma práctica intelectual: analizar para intervenir. Esa decisión la expuso a críticas, pero también le dio una densidad poco frecuente entre economistas de su generación.
Que hoy su obra vuelva a circular con fuerza en espacios de formación y debate regional —incluida la recuperación institucional de la CEPAL— no responde a una consagración acrítica. Responde a una necesidad: entender por qué la desigualdad persiste, por qué la financiarización condiciona el crecimiento y por qué el desarrollo sigue siendo una disputa política antes que un problema técnico.
Esta semblanza no busca unanimidad. Busca sentido. Leer a María da Conceição Tavares hoy no implica aceptar todas sus tesis, sino reconocer que obligó —y todavía obliga— a pensar el desarrollo latinoamericano con historia, conflicto y responsabilidad política. En tiempos de certezas frágiles, ese gesto intelectual sigue siendo incómodo. Y por eso, vigente.
