Política, Smart Cities e IA.

El encuentro con Gustavo Martin se da en un clima de conversación serena, pero cargada de densidad política. Desde Nueva Delhi hasta un café de Río Cuarto, la experiencia reciente del politólogo argentino en un programa oficial del Gobierno de la India sobre Inteligencia Artificial y Gobernanza funciona como disparador para una reflexión más amplia: el lugar de los países periféricos en la disputa tecnológica global, el rol del Estado en la era digital y las nuevas formas de cooperación Sur-Sur. En diálogo con GloCal, Martin no habla solo de un curso, sino de un modelo de inserción internacional que combina conocimiento, planificación y visión estratégica.

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GloCal

-Recién bajado del avión… ¿qué significa que la India invierta en formación internacional en inteligencia artificial y gobernanza como parte de su política exterior?

India es el principal país exportador de Software del mundo. Y también de programadores. No es casualidad ver a muchos indios e indias en Estados Unidos creando aplicaciones o siendo CEOs de empresas tecnológicas o startups. La inteligencia artificial es un brazo de su política exterior. A través de programas como Indian Technical and Economic Cooperation, India forma funcionarios de África, Medio Oriente, Asia y Centroamérica —yo compartí aula con colegas de Etiopía, Ghana, Omán, Guatemala, entre otros— y lo hace con una visión estratégica: construir redes del Sur Global con capacidad técnica propia.

Me quedó grabada una frase que repetían: “La tecnología es un regalo de Dios”. Sacaron a millones de personas de la pobreza en pocas décadas combinando Estado fuerte, ciencia aplicada y mercado. Hoy grandes mayorías tienen un iPhone, manejan computadora, acceden a sistemas de salud digital con IA médica o tienen datos ilimitados de internet. Eso no significa que no haya desigualdades enormes —las hay—, pero hay dirección, hay plan económico, hay meta 2047, pensando en los 100 años de la independencia. Mientras tanto, en Argentina seguimos exportando materias primas y minerales sin proyecto tecnológico propio. Esa es la diferencia entre tener recursos y tener estrategia.

-Todos hablan de Smart Cities… ¿cómo se aterriza esa visión en un mundo que ya pasó a la IA pero sigue con calles de tierra?

La ciudad inteligente no empieza por un sensor o un chatbot, empieza por la decisión política de automatizar procesos y mejorar la toma de decisiones públicas. Nosotros todavía debatimos si Uber está permitido o no, y no podemos poner ni un chatbot para atender a los vecinos, porque tampoco hay alfabetización digital al respecto. Esa es la escala del problema. La IA no es un lujo futurista: es una realidad que llegó para quedarse, y puede usarse para optimizar la recolección de residuos, priorizar pavimentación con datos reales, anticipar brotes epidemiológicos, reducir tiempos administrativos y tantas otras cosas. Puede hacer más eficiente al Estado. El Estado no es el problema, puesto que tanto India como China, con dos sistemas políticos totalmente diferentes usan al Estado como motor del desarrollo industrial-tecnológico.

En India vi ministerios trabajando con datos en tiempo real; acá muchas veces seguimos gestionando con planillas sueltas o no podemos tener un sistema en la nube donde guardar nuestra información, o tenemos burocracias duplicadas en papel y digital, porque aún tenemos miedo de que lo virtual sea una moda. La IA no es solo una app: atraviesa transporte, salud, educación, seguridad, planificación urbana. Ahora bien, tampoco es para que seamos ingenuos: es una nueva fase del capitalismo, concentra poder y datos. Sin Datos no existe IA. Nosotros aún no manejamos nuestros propios datos, no tenemos un proyecto tecnológico propio, nuestra información sigue pasando por Estados Unidos. Y si no somos dueños de nuestros datos, menos podremos fabricar IAs. Seguiremos fabricando sólo el ensamblado. Si el Estado no interviene estratégicamente, la tecnología amplía desigualdades. Si interviene con inteligencia, puede reducirlas. Esa es la disputa.

-¿Qué lugar ocupa hoy América Latina en la conversación global sobre IA y desarrollo?

En las conversaciones internacionales somos simpáticos, expertos en fútbol, pero ahí acaba la cosa. América Latina aparece más como mercado que como actor estratégico. Seguimos siendo el patio trasero, sólo que ahora digital. Mientras China piensa su centenario de la revolución en clave tecnológica e India planifica el centenario de su independencia con infraestructura digital como columna vertebral, nosotros no tenemos un proyecto tecnológico ni nacional ni regional. No articulamos masa crítica. Seguimos pensando en la pérdida de puestos de trabajo y no en capacitar a nuestra gente en los nuevos empleos que requerirá el mundo. Exportamos litio, soja, cobre… e importamos algoritmos. Esa es la ecuación. Sin embargo, también vi algo bueno: el concepto de cooperación Sur-Sur —que nace de las epistemologías del Sur y de las ciencias sociales críticas— hoy se vuelve concreto en estos programas. No es teoría académica; son funcionarios del Sur Global formándose juntos para no depender siempre del Norte. El mundo que se viene es multipolar con regiones estratégicas. Creo que haber salido de los BRICS y el alineamiento geopolítico con Estados Unidos ha sido una de las peores decisiones en términos de tecnología.

-¿Qué aspectos del modelo indio te resultaron más relevantes y qué desafíos deja para la universidad pública?

Lo más potente del modelo indio es la alianza explícita entre Estado, ciencia y tecnología con horizonte nacional. Los tipos no improvisan. Es planificación a 20 o 30 años. Invierten en formación técnica, en infraestructura digital, en ecosistemas de innovación. No piensan que es gasto, piensan que es inversión. Y el Estado no se retira: orienta. ¿Querés producir y ganar plata? Bueno, lo vas a hacer con lo que te ofrezcamos nosotros.

Para nuestra universidad pública el mensaje es directo y, si se quiere, incómodo: no alcanza con producir papers; necesitamos formar estudiantes con herramientas prácticas en datos, IA aplicada, gestión digital. Interdisciplinariedad real. Vinculación concreta con municipios y provincias. Si las universidades no actualizan contenidos y metodologías, quedarán comentando la revolución tecnológica en lugar de protagonizarla. Y nosotros, como docentes, tenemos la responsabilidad de no enseñar con programas del siglo XX para problemas del siglo XXI. Y no se trata de nuevas carreras, se trata de que la universidad como el “mundo de las ideas” ya murió. El saber debe ser práctico. De hecho, en India el concepto de filosofía significa algo práctico, no como aquí que implica reflexión y contemplación. Si la filosofía no cambia o mejora la vida de las personas no tiene mucho sentido allá.

-En este contexto geopolítico, ¿puede la cooperación Sur-Sur ser una alternativa real?

Sí, pero sólo si la entendemos como estrategia y no como consigna romántica. La cooperación Sur-Sur es diversificación inteligente en un mundo fragmentado. Es construir autonomía relativa. Lo vi en el aula: africanos, asiáticos, latinoamericanos compartiendo experiencias de digitalización del Estado, discutiendo ética algorítmica, pensando cómo usar IA para desarrollo y no solo para consumo. Nosotros me parece que aún actuamos como niños con juguete nuevo haciendo imágenes animé en chatGPT.

La pregunta no es si la IA va a transformar nuestras sociedades —eso ya está pasando—, la pregunta es si vamos a ser sujetos de esa transformación o simples usuarios receptores. Y esa decisión es política. Cada país irá produciendo diferentes tipos de IA. Por ejemplo, es probable que China se especialice en cuestiones médicas por el sistema de política de datos que tiene, ya que es más fácil acceder a bancos genéticos. Otros países se especializarán en IA autónomas para autos, robots, etc. otras en educación, hologramas y demás. Está sucediendo un desarrollo competente entre diferentes usos de IA. El tema es que existe un imperativo geopolítico: cuando un país crea algo, el resto del mundo tiene dos opciones, o se larga también a crearlo y padece las consecuencias. Pasó cuando se crearon los barcos, pasó cuando se creó la bomba atómica, pasa ahora cuando se creó la IA autónoma (ya que como función existe desde los años 50).