Postal de Itaguaí

Con poco más de 120 mil habitantes, Itaguaí ocupa un lugar estratégico en la economía brasileña. Puerto, industria, defensa, agricultura y pesca conviven sobre un territorio sometido a fuertes transformaciones. Su desafío no parece ser generar desarrollo, sino gobernar las tensiones que ese desarrollo produce.

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A menos de cien kilómetros de Río de Janeiro, sobre la Bahía de Sepetiba, Itaguaí permite observar una de las grandes paradojas del desarrollo territorial: una ciudad relativamente pequeña puede alojar infraestructuras y actividades económicas de escala nacional y, al mismo tiempo, enfrentar enormes desafíos para ordenar sus efectos sobre el territorio.

El Censo 2022 registró 116.841 habitantes y el IBGE estimó para 2025 una población superior a 124 mil personas. Pero las dimensiones demográficas dicen poco sobre su verdadera escala económica. Su PIB per cápita alcanzó los 97.431 reales en 2023 y buena parte de esa potencia puede explicarse mirando hacia el mar.

El Puerto de Itaguaí movilizó 60,7 millones de toneladas durante 2024. Mineral de hierro, productos siderúrgicos, contenedores y otras cargas conectan este punto de la costa brasileña con el enorme aparato productivo de Río de Janeiro, Minas Gerais y São Paulo. A ese complejo se suma la industria naval y de defensa: allí se desarrolla el PROSUB, el programa de submarinos de la Marina de Brasil.

Pero la postal cambia cuando se aleja la mirada de las grandes infraestructuras, allí aparece otra dimensión del desarrollo: En el mismo territorio sobreviven agricultores familiares, productores de banana, pescadores artesanales y espacios rurales y periurbanos sometidos a las presiones de la expansión urbana, la minería, la actividad industrial y las transformaciones ambientales.

El problema de Itaguaí no puede reducirse a cuánto produce, cuánto exporta o cuántas inversiones consigue atraer. La pregunta es cómo gobierna territorialmente esa potencia económica.

¿Cómo conviven un puerto de escala internacional, la industria pesada, los proyectos estratégicos de defensa, la expansión de la ciudad y las actividades productivas que históricamente ocuparon ese suelo?

La postal de Itaguaí muestra entonces algo reconocible para muchas ciudades latinoamericanas: crecimiento económico y desarrollo territorial no son necesariamente sinónimos.

Las inversiones pueden transformar rápidamente una ciudad. Construir instituciones capaces de planificar esas transformaciones, articular intereses y decidir qué territorio se quiere producir es un proceso mucho más lento.

Quizás allí esté la verdadera discusión sobre sustentabilidad: no solamente en conservar recursos, sino en construir capacidad colectiva para gobernar el desarrollo.

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