Principios para producir, financiar y sostener lo común
Con esta cuarta entrega, GloCal cierra la serie La fábrica de bienes públicos. Una agenda de principios y acciones concretas para producir, financiar y sostener lo común, articulando Estado, empresas y organizaciones. El desarrollo deja de ser consigna y se convierte en diseño institucional.
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GloCal


Si los bienes públicos no se producen solos, si la cooperación voluntaria es insuficiente y si el Estado resulta insustituible para escalar procesos, la discusión decisiva ya no es conceptual. Es práctica. Cómo se gobierna la fábrica de bienes públicos para que funcione, produzca y se sostenga en el tiempo.
El primer principio es asumir que producir lo común requiere priorización explícita. No todos los bienes públicos pueden abordarse al mismo tiempo ni con los mismos instrumentos. Infraestructura crítica, conocimiento aplicado, formación de capacidades productivas y cohesión territorial deben definirse como objetivos estratégicos, con metas claras y horizontes temporales realistas. Sin prioridades, la fábrica se dispersa y pierde efectividad.
El segundo principio es financiar con lógica de retorno social. La producción de bienes públicos demanda recursos estables, pero no necesariamente gasto improductivo. Inversión privada con impacto colectivo, esquemas de coinversión, fondos específicos y mecanismos de capital paciente permiten alinear intereses públicos y privados. El criterio no es la rentabilidad inmediata, sino el retorno social medible en productividad, empleo, innovación y bienestar.
El tercer principio es diseñar incentivos coherentes. Ningún actor coopera de manera sostenida si los incentivos empujan en sentido contrario. Beneficios fiscales, compras públicas estratégicas, regulaciones inteligentes y reconocimiento institucional pueden orientar decisiones privadas hacia objetivos colectivos. Gobernar la fábrica implica alinear reglas con resultados esperados.
El cuarto principio es institucionalizar la articulación. La fábrica no funciona con compartimentos estancos. Estados, empresas, universidades y organizaciones intermedias deben operar bajo arreglos claros de coordinación. Mesas público-privadas, agencias mixtas y consorcios territoriales permiten reducir costos de transacción y sostener procesos más allá de coyunturas políticas o económicas.
El quinto principio es medir y aprender. Producir bienes públicos no es ejecutar programas, sino generar capacidades. Definir indicadores de impacto, evaluar resultados y corregir desvíos es parte central del gobierno de la fábrica. Sin evaluación, no hay aprendizaje; sin aprendizaje, no hay sostenibilidad.
Finalmente, el sexto principio es control y legitimidad social. La producción de lo común requiere confianza. Auditoría ciudadana, transparencia y rendición de cuentas no son obstáculos, sino condiciones para evitar capturas y asegurar que la fábrica produzca bienes públicos y no privilegios privados.
La fábrica de bienes públicos no es una promesa abstracta ni una consigna ideológica. Es una construcción institucional concreta, siempre imperfecta y siempre disputada. Gobernarla implica asumir conflictos, diseñar reglas y sostener acuerdos. El desarrollo, cuando ocurre, no es casualidad: es el resultado de una fábrica que funciona porque alguien decidió hacerla funcionar.
