Productividad Agrícola en pausa
Un nuevo informe del BID advierte que América Latina produce más, pero no necesariamente mejor. La productividad agrícola se desacelera, las brechas territoriales se profundizan y el futuro del agro dependerá de cómo cada país convierta heterogeneidad y clima en oportunidades.
AGRO
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América Latina y el Caribe siguen siendo una potencia agrícola global. Exportan alimentos, sostienen millones de empleos rurales y explican una parte decisiva del comercio mundial. Sin embargo, un nuevo informe del Banco Interamericano de Desarrollo pone una señal de alerta incómoda: la región produce más, pero ya no mejora su productividad al mismo ritmo. Y sin productividad, no hay desarrollo sostenible posible.
El documento muestra que, entre 1961 y 2021, la producción agrícola regional se multiplicó casi por seis, impulsada principalmente por mejoras en la Productividad Total de los Factores (PTF). Pero ese motor comenzó a perder fuerza. Desde 2010, el crecimiento de la productividad se desaceleró de manera marcada y una porción creciente del aumento productivo proviene del uso intensivo de insumos, con costos económicos y ambientales cada vez más visibles.
Lejos de ser un problema homogéneo, el informe subraya una palabra clave para pensar el futuro: heterogeneidad. El desempeño agrícola varía de manera significativa entre subregiones y dentro de los propios países. El Cono Sur logró sostener altos niveles de productividad gracias a la innovación y la eficiencia, aunque muestra señales de estancamiento. Centroamérica y la Región Andina avanzaron de forma más irregular. El Caribe, en cambio, presenta un crecimiento lento y altamente dependiente de insumos.
Esta diversidad no es un obstáculo en sí mismo: es, potencialmente, una oportunidad. Pero solo si las políticas públicas abandonan recetas uniformes y se apoyan en evidencia concreta, territorial y desagregada. El informe es contundente en este punto: no hay una única vía para mejorar la productividad agrícola en América Latina.
Uno de los nudos críticos es la brecha de adopción tecnológica. La innovación existe, pero no llega de igual manera a todos los productores. Falta asistencia técnica, capacitación gerencial y servicios de extensión que permitan transformar tecnología en productividad real. A esto se suma el impacto creciente del cambio climático, que ya no es solo una amenaza, sino también un factor que redefine ventajas comparativas y exige nuevas estrategias de adaptación.
El documento propone avanzar hacia una idea de “productividad con propósito”: crecer sin degradar los recursos naturales y sin invisibilizar los costos ambientales. Medir mejor para decidir mejor. Invertir en datos, bienes públicos y políticas inteligentes que equilibren apoyo directo con desarrollo de capacidades de largo plazo.
En un contexto global incierto, el mensaje es claro. El agro latinoamericano tiene futuro, pero no automático. La productividad ya no se juega solo en el campo, sino en la calidad de las decisiones que se tomen hoy. La heterogeneidad puede ser el problema… o la clave.
