Que no vuelen las palomas
La apertura de la Bienal Metalmecánica dejó algo más que máquinas y tecnología. Entre llamados a defender la industria, apostar por las nuevas generaciones y fortalecer la producción, Córdoba volvió a reivindicar su identidad como uno de los principales motores industriales del país.
INDUSTRIA
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Más de cien empresas expositoras, cinco mil metros cuadrados de tecnología aplicada a la producción y miles de visitantes recorriendo los pabellones de Forja. La primera Bienal Metalmecánica de Córdoba nació para mostrar innovación, automatización y bienes de capital. Pero su inauguración dejó también un mensaje político sobre el presente y el futuro de la industria argentina.
La BIMM es el resultado de una alianza entre la Cámara Argentina de la Máquina Herramienta y Tecnologías para la Producción (CARMAHE) y la Cámara de Industriales Metalúrgicos y de Componentes de Córdoba (CIMCC). No es un dato menor. La entidad que organiza FIMAQH, la mayor exposición industrial cerrada del país, eligió Córdoba para lanzar una nueva vidriera tecnológica con una premisa clara: “El corazón de la industria está en el interior”.
Esa idea atravesó buena parte de las intervenciones de apertura. El presidente saliente de la CIMCC, Gustavo Del Boca, eligió una imagen contundente para describir el desafío que enfrenta el sector. “No hay nada más triste que recorrer fábricas vacías y galpones donde vuelan las palomas”, expresó. Su mensaje fue una reivindicación de la acción gremial empresaria y del trabajo institucional como herramientas para sostener la actividad productiva, el empleo y la inversión.
La posta fue tomada por Alejandra Cesolari, nueva presidenta de la entidad. Su discurso estuvo dirigido a las nuevas generaciones. Habló de compromiso, participación y renovación, pero también de una identidad productiva construida durante décadas. Aun en contextos complejos, sostuvo, Córdoba continúa demostrando una cultura del trabajo capaz de generar desarrollo desde el territorio.
La presencia del ministro de Bioagroindustria, Sergio Busso, y del ministro de Educación, Horacio Ferreyra, completó una escena que buscó mostrar una visión compartida entre producción y formación. Una señal relevante en una provincia que intenta sostener una agenda industrial en momentos donde la competitividad ya no depende únicamente de las máquinas, sino también del talento capaz de utilizarlas.
En definitiva, la Bienal no sólo expone tecnología. También expone una convicción. Que el desarrollo productivo sigue siendo una apuesta vigente. Y que, para buena parte de los actores reunidos en Córdoba, el futuro de la industria argentina continúa escribiéndose lejos de los escritorios y cerca de las fábricas.
