Qué producir
A partir de la columna de Ricardo Gianni “Las Máquinas en Marcha” en Póster Central, este análisis retoma el informe del Banco Mundial, que propone dejar de pensar en sectores y avanzar hacia la identificación de actividades estratégicas para construir capacidades productivas.
INDUSTRIA
GloCal


En la cuarta entrega de esta serie de GloCal basada en la columna Las Máquinas en Marcha, el informe del Banco Mundial Industrial Policy for Development aborda una de las decisiones más complejas de cualquier estrategia de desarrollo: qué priorizar.
Durante años, la política industrial fue cuestionada por su supuesta tendencia a “elegir ganadores”. Sin embargo, el informe propone reformular esa discusión. No se trata de seleccionar sectores de manera discrecional, sino de identificar actividades que permitan construir capacidades productivas y generar aprendizaje.
Este cambio conceptual es profundo. Desplaza el foco desde los sectores hacia las funciones económicas que impulsan el desarrollo: innovación, incorporación tecnológica, generación de valor agregado y articulación productiva.
El documento plantea un marco para identificar estas actividades estratégicas. Propone evaluar cuatro dimensiones: los beneficios potenciales en términos de crecimiento, las oportunidades reales de desarrollo, la factibilidad de implementación y la coherencia con una estrategia productiva más amplia.
Esto implica abandonar una lógica estática. La política industrial no debe limitarse a fortalecer lo que ya existe, sino a construir nuevas ventajas comparativas. En otras palabras, no se trata solo de potenciar sectores consolidados, sino de abrir caminos hacia actividades con mayor potencial de futuro.
El informe también subraya la importancia de las inversiones complementarias. No alcanza con identificar actividades estratégicas si no se desarrollan las condiciones necesarias para que prosperen: infraestructura, capital humano, financiamiento y marcos regulatorios adecuados.
Desde una perspectiva GloCal, esta mirada resulta especialmente valiosa. En territorios como Río Cuarto, donde el entramado productivo combina tradición industrial con nuevas oportunidades, pensar qué producir no puede ser una decisión abstracta.
La metalmecánica, la agroindustria, la energía o la economía del conocimiento no son solo sectores, sino plataformas desde las cuales es posible construir nuevas capacidades. El desafío es identificar en qué eslabones se puede generar mayor valor, aprendizaje e innovación.
Esto requiere información, articulación y visión de largo plazo. Supone, además, una fuerte interacción entre el sector público, las empresas y el sistema científico-tecnológico.
El informe del Banco Mundial es claro: las decisiones sobre qué priorizar no pueden ser improvisadas. Deben formar parte de una estrategia coherente, basada en evidencia y orientada al desarrollo.
Porque, en definitiva, definir qué producir no es solo una decisión económica. Es una apuesta sobre el futuro. Para así generar desarrollo productivo y mantener las máquinas en marcha.
