Repensar la inserción laboral en la Argentina

Por: Paloma Varona y Rodrigo Guzzanti para Misión Productiva Desde GloCal reproducimos y destacamos el análisis de Paloma Varona y Rodrigo Guzzanti para Misión Productiva, que interpela el debate laboral argentino: con industria menos absorbente y demografía en cambio, el desafío es elevar productividad y calidad del empleo, especialmente en los servicios que hoy concentran la inserción laboral.

SOCIAL

GloCal

Durante décadas, el empleo industrial funcionó como el principal horizonte de movilidad social en la Argentina. La promesa era clara: más industria implicaba más empleo formal, mejores salarios y mayor productividad. Sin embargo, esa ecuación hoy está tensionada. La experiencia reciente muestra que, aun cuando ciertos sectores industriales crecen o reciben inversiones, su capacidad para absorber grandes volúmenes de trabajadores es cada vez más limitada.

Esta no es solo una particularidad argentina. Como plantean Dani Rodrik y Rohan Sandhu en su paper Servicing Development: Productive Upgrading of Labor-Absorbing Services in Developing Economies (2024), el problema es más estructural: en gran parte del mundo en desarrollo, la manufactura dejó de ser el gran motor de creación de empleo masivo. La automatización, el cambio tecnológico y las exigencias de las cadenas globales de valor hicieron que incluso los sectores industriales “exitosos” generen pocos puestos de trabajo, y cada vez más calificados.

Esta tendencia se combina con otro proceso de fondo: la transición demográfica. Si bien este fenómeno también es global, en Argentina se profundiza. Tras décadas de crecimiento sostenido de la población en edad de trabajar, desde el 2015 la Argentina comienza a ingresar en una etapa de desaceleración del bono demográfico. La edad mediana de la población ya ronda los 34 años, y la proporción de personas mayores de 64 años en relación con la población en edad activa se acerca al 19%, uno de los niveles más altos registrados. Al mismo tiempo, el peso relativo de la población en edad de trabajar dejó de expandirse al ritmo de décadas anteriores y comenzó a estabilizarse. Este cambio no reduce la urgencia del problema del empleo; por el contrario, la redefine. Con menos margen demográfico, el crecimiento del ingreso y de la cohesión social dependerá cada vez más de mejorar la productividad de los empleos existentes, y no solo de crear nuevos puestos.

En la Argentina, estas transformaciones conviven con una estructura productiva altamente heterogénea, donde los sectores que concentran la mayor parte del empleo son también los de menor productividad, mientras que las actividades más dinámicas en términos de valor agregado y exportaciones tienen una capacidad limitada de generar puestos de trabajo. Esta combinación vuelve más desafiante la inserción laboral de la población.

El verdadero problema no es dónde se crea empleo, sino cómo

El debate público suele plantearse en términos de “industria vs servicios”. Pero esa dicotomía resulta engañosa. El problema no es que el empleo crezca en los servicios, sino que esos servicios sean de baja productividad, con salarios bajos, alta rotación y escasas oportunidades de mejora.

Cuidados, gastronomía, logística urbana, servicios personales y plataformas digitales concentran hoy el grueso de la inserción laboral, especialmente para jóvenes y trabajadores con menor formación. Lejos de ser una anomalía local, esta dinámica es consistente con las tendencias globales. Según el Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum, los puestos que más crecerán en términos absolutos en los próximos años están asociados a servicios intensivos en trabajo —cuidados, educación, ventas, logística y tareas operativas— mientras continúan cayendo muchos empleos administrativos y rutinarios.

El informe más reciente del World Economic Forum, que analiza distintos escenarios posibles para el empleo hacia 2030, profundiza este diagnóstico y advierte que el impacto de la inteligencia artificial y la automatización no seguirá una trayectoria única. En varios de esos escenarios, una parte sustantiva de las tareas actuales es absorbida por tecnologías digitales y sistemas de IA, mientras el crecimiento del empleo se concentra en ocupaciones intensivas en trabajo humano. Sin políticas activas, estos sectores tienden a expandirse con mayor precariedad y presión a la baja sobre los salarios, aun cuando el empleo total crece.

La transición demográfica refuerza este diagnóstico. En un contexto donde la población activa deja de expandirse rápidamente, sostener el crecimiento y mejorar las condiciones de vida requiere que los sectores que ya concentran empleo, principalmente los servicios, sean capaces de generar más valor por trabajador, elevando la productividad y la calidad del empleo.

Inserción laboral y productividad: una agenda que no puede separarse

Uno de los aportes centrales del trabajo de Rodrik es cuestionar la idea de que las políticas laborales pueden limitarse a la capacitación de trabajadores, dejando la creación de empleo librada al mercado. La evidencia muestra que los programas de formación aislados tienen impactos limitados si no están articulados con la demanda efectiva de trabajo y con mejoras en la organización productiva.

Los estudios recientes del Banco Mundial sobre cambio tecnológico, tareas y envejecimiento poblacional en América Latina refuerzan esta mirada. El problema no es solo la destrucción de empleos, sino la transformación de las tareas dentro de las ocupaciones: pierden peso las tareas rutinarias y crecen aquellas que combinan habilidades técnicas, organizativas y relacionales. Sin transformaciones en la estructura productiva y en la organización del trabajo, la capacitación por sí sola tiende a reproducir segmentación e informalidad.

En un contexto de automatización acelerada, esta desconexión no solo reduce la eficacia de las políticas de inserción laboral, sino que puede profundizar la segmentación del mercado de trabajo.

Para la Argentina, esto es especialmente relevante. Gran parte de las políticas de inserción laboral se concentran en cursos, entrenamientos o certificaciones que luego no encuentran un anclaje claro en sectores dinámicos ni en empresas con capacidad de crecer.

Repensar la inserción laboral implica asumir que:

  • La productividad de las empresas y la empleabilidad de los trabajadores son dos caras de la misma moneda.

  • No alcanza con “formar personas” si las empresas no pueden crecer, innovar o escalar su producción.

  • La informalidad no es solo un problema legal, sino también productivo.

Servicios que pueden ser un vector de desarrollo

Lejos de una visión resignada, el enfoque de Rodrik abre una oportunidad: los servicios pueden ser una plataforma de desarrollo si se los aborda con políticas productivas explícitas.

Esto incluye, por ejemplo:

  • Servicios vinculados a la logística, el comercio y la distribución, claves en un país extenso como la Argentina.

  • Servicios empresariales y técnicos asociados a sectores industriales y tecnológicos.

  • Plataformas y herramientas digitales que permiten que trabajadores con menor calificación realicen tareas más complejas y productivas.

Pero también, y de manera cada vez más central, los servicios de cuidado y salud. La transición demográfica incrementa de forma sostenida la demanda de cuidados vinculados al envejecimiento poblacional, la atención domiciliaria, los servicios sociosanitarios y el acompañamiento a personas mayores, al mismo tiempo que mantiene una alta demanda de cuidados en la primera infancia.

En escenarios de automatización acelerada, los servicios de cuidado y otros empleos intensivos en trabajo humano tienden a crecer como contracara del desplazamiento tecnológico en otros sectores. Sin embargo, ese crecimiento no garantiza mejores condiciones laborales: sin políticas que mejoren su productividad, organización y financiamiento, estos sectores enfrentan riesgos crecientes de informalidad, sobreoferta laboral y deterioro salarial.

Un Estado que articule, no solo que capacite

Otro punto central del trabajo de Rodrik es el rol del Estado como articulador. No se trata solo de regular o financiar, sino de coordinar actores, reducir barreras, proveer infraestructura, información y capacidades.

En el caso argentino, esto supone repensar las políticas de empleo desde una lógica más territorial y sectorial:

  • Entender qué servicios están creciendo en cada región.

  • Identificar cuellos de botella productivos que limitan la creación de empleo de calidad.

  • Articular formación, tecnología, financiamiento y organización del trabajo.

  • Construir puentes entre empresas, trabajadores e instituciones intermedias.

Hacia una nueva agenda de inserción laboral

Si el empleo del futuro, y del presente, está mayoritariamente en los servicios, la pregunta es qué tipo de servicios y qué tipo de empleos queremos construir.

Para la Argentina, repensar la inserción laboral implica enfrentar un desafío central: cómo generar empleo masivo, productivo y con derechos en un contexto donde la forma tradicional de crear empleo cambió, acá y en el mundo. Con un bono demográfico que se agota y una industria con menor capacidad de absorción laboral, mejorar la productividad de los sectores que hoy concentran el trabajo deja de ser una opción y se convierte en una condición necesaria para el desarrollo.

Poner a los servicios en el centro de la estrategia no significa renunciar a la industria, sino complementarla. Significa asumir que el desarrollo y la inclusión social del siglo XXI se juegan, en gran medida, en la capacidad de transformar los sectores que hoy sostienen el empleo.

Y que ahí es donde hace falta una política productiva y laboral a la altura del desafío.