¿Río Cuarto deja pasar sus oportunidades?
Una conversación entre Guillermo Geremia y Vanesa Lerner en El Pase partió del presente de Estudiantes y terminó abriendo una pregunta mucho más incómoda sobre la ciudad: por qué Río Cuarto logra alcanzar determinadas oportunidades, pero parece tener dificultades para sostenerlas, ampliarlas y convertirlas en desarrollo.
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“¿Qué hicimos con la oportunidad que tuvimos?”. La pregunta apareció en El Pase, el espacio radial que comparten Guillermo Geremia y Vanesa Lerner, a partir de un texto publicado por Celeste Locura sobre el presente de Estudiantes de Río Cuarto. Pero bastaron algunos minutos para que la conversación abandonara los límites del fútbol y se convirtiera en otra cosa: una discusión sobre la ciudad.
El punto de partida era concreto. La llegada de Estudiantes a Primera División podía leerse no solamente como un logro deportivo, sino como una oportunidad para ampliar infraestructura, profesionalizar estructuras, conseguir nuevos patrocinadores, aumentar la masa societaria y darle visibilidad nacional a Río Cuarto. La permanencia podía terminar; lo que estaba en discusión era qué quedaba después de haber llegado.
“No se trataba de exigir que Estudiantes se quedara para siempre en Primera. Se trataba de intentar construir las condiciones para que quedarse fuera posible”, se planteó durante el programa. La pregunta siguiente fue todavía más precisa: “Estudiantes ya demostró que puede llegar. La pregunta es: ¿cuál es el plan ahora?”.
Del fútbol a la ciudad
Ahí la conversación cambió de escala. Estudiantes dejó de ser exclusivamente el objeto del análisis y pasó a funcionar como ejemplo de una inquietud mayor: la dificultad de Río Cuarto para convertir acontecimientos excepcionales en capacidades permanentes.
En el intercambio aparecieron entonces otros nombres. Avex. Marcopolo. Y, a partir del mensaje de un oyente, experiencias anteriores: un banco local, una compañía de seguros y Ricolac. Casos muy diferentes entre sí, con historias, propietarios y razones de desenlace que no pueden equipararse automáticamente. Pero su enumeración produjo una pregunta común: ¿por qué determinadas experiencias que alguna vez parecieron expresar un salto de escala para Río Cuarto no consiguieron consolidarse?
La pregunta importa precisamente porque evita una explicación demasiado sencilla. No toda empresa que cerró constituye una oportunidad desaprovechada por la ciudad. Tampoco todo fracaso empresarial puede atribuirse a la comunidad que lo rodea. En la propia conversación, Geremia y Lerner introdujeron esas diferencias al discutir, por ejemplo, hasta dónde podía responsabilizarse a Río Cuarto por la experiencia de Marcopolo y hasta dónde correspondía analizar decisiones empresariales.
Sin embargo, detrás de casos heterogéneos persistió una inquietud: ¿Río Cuarto genera las condiciones necesarias para que aquello que logra crecer pueda dar un segundo salto?
“Hay algo que tenemos que repensarnos”
La hipótesis más provocadora de la conversación apareció cuando la explicación dejó de buscarse exclusivamente en gobiernos, dirigentes o empresarios.
“Hay algo que nosotros tenemos que repensarnos, que está en nuestro ADN”, se afirmó al aire. La caracterización fue todavía más fuerte: “No estamos hablando de los políticos: estamos hablando de una sociedad que es demasiado conservadora”. Antes había aparecido una formulación semejante: una ciudad que “no quiere tomar riesgos” y que tendría incluso “miedo al fracaso”.
La idea del “ADN” riocuartense es, naturalmente, una interpretación y no una constatación. Pero contiene una pregunta periodísticamente más productiva que la propia respuesta: ¿qué comportamientos económicos, políticos e institucionales aparecen cuando Río Cuarto tiene delante una posibilidad de crecer?
Porque una oportunidad no se aprovecha solamente celebrándola. Requiere inversión, financiamiento, planificación, articulación público-privada, instituciones capaces de acompañarla y actores dispuestos a asumir riesgos. También necesita imaginar que aquello excepcional puede dejar de serlo.
El paso de Estudiantes por Primera permite observar esa tensión en pequeña escala. Llegar constituye un éxito. Sostener lo alcanzado exige una estructura distinta de la que permitió llegar.
¿Y los empresarios?
La conversación incorporó entonces otra pregunta incómoda: “¿El empresariado riocuartense está a la altura de la ciudad?”. La discusión había surgido al recordar las dificultades de Estudiantes para conseguir un auspiciante principal y luego se desplazó hacia la situación empresarial local.
La pregunta permite ampliar todavía más el problema. ¿Existe capital local dispuesto a financiar proyectos capaces de superar la escala regional? ¿Qué ocurre cuando una empresa necesita crecer, internacionalizarse o atravesar una crisis? ¿Qué capacidad tienen las instituciones empresariales, financieras, universitarias y estatales para acompañar esos procesos? ¿Y cuánto riesgo está dispuesto a asumir el propio sector privado?
No hay una única respuesta ni todos los casos mencionados durante El Pase permiten llegar a la misma conclusión. Precisamente allí puede estar el valor de la discusión.
Porque quizás la pregunta no sea si Río Cuarto es, esencialmente, una ciudad “conservadora”. Convertir esa descripción en identidad terminaría clausurando el debate que pretende abrir.
La pregunta más interesante es otra: ¿qué hace Río Cuarto cuando aparece una oportunidad?
Estudiantes llegó a Primera. Grandes empresas eligieron alguna vez instalarse en la ciudad. Existieron experiencias financieras, industriales y comerciales que alcanzaron otra escala. Algunas permanecieron, otras retrocedieron y otras desaparecieron.
Por eso, más que construir una nostalgia de aquello que Río Cuarto tuvo y perdió, la conversación entre Geremia y Lerner deja planteado un interrogante hacia adelante.
Llegar es difícil. Pero llegar no alcanza.
¿Qué condiciones necesita construir Río Cuarto para que la próxima oportunidad no sea solamente algo que ocurrió, sino el punto de partida de algo que permanezca?
