Sin mercado y sin actividad

La industria metalúrgica profundiza su caída en febrero con una baja interanual del 10,3% y niveles críticos de capacidad ociosa. Sin señales de recuperación de la demanda, el sector enfrenta un escenario de retracción generalizada y expectativas empresarias marcadas por la cautela.

INDUSTRIA

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La industria metalúrgica argentina atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. El informe de actividad de febrero de 2026 elaborado por ADIMRA confirma una tendencia que ya no admite eufemismos: la caída es profunda, generalizada y, sobre todo, estructural. Con una contracción interanual del 10,3% y una baja mensual del 1,9%, el sector acumula un retroceso del 8,2% en lo que va del año.

Pero el dato más elocuente no está únicamente en la caída de la producción, sino en lo que ocurre puertas adentro de las fábricas. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas el 40,2%, uno de los niveles más bajos de los últimos años. Esto no solo refleja una desaceleración productiva, sino un problema más profundo: la falta de demanda. Las empresas pueden producir más, pero no tienen a quién venderle.

El fenómeno se replica en toda la estructura industrial. Los ocho sectores relevados por el informe registraron caídas en febrero, con retrocesos particularmente marcados en fundición, bienes de capital y autopartes. Esta dinámica confirma que no se trata de un problema sectorial, sino de un enfriamiento transversal del entramado productivo.

A nivel territorial, la contracción también es homogénea. Las principales provincias metalúrgicas —Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe— exhiben variaciones interanuales negativas, consolidando un escenario de caída extendida en todo el país. En este contexto, Buenos Aires y Córdoba explican gran parte del deterioro del promedio general.

En paralelo, el frente externo agrega un elemento de tensión. Si bien las importaciones registraron una caída interanual del 14% en enero, el volumen sigue siendo elevado en términos históricos, lo que, combinado con la baja en la producción local, refuerza la hipótesis de un achicamiento del mercado total.

Las expectativas empresarias no ofrecen, por ahora, señales de reversión. Seis de cada diez empresas no prevén mejoras en su nivel de producción para los próximos tres meses, en un contexto donde predomina la prudencia y la incertidumbre.

Sin mercado, no hay actividad. Y sin actividad, el entramado industrial comienza a tensarse. El desafío que emerge no es solo estabilizar, sino reconstruir las condiciones de demanda que permitan volver a poner en marcha el corazón productivo.