Todos hacen política industrial

A partir de la columna de Ricardo Gianni “Las Máquinas en Marcha” en Póster Central, este análisis retoma el informe del Banco Mundial, que muestra que todos los países hacen política industrial y que la diferencia está en cómo se diseña e implementa.

INDUSTRIA

GloCal

En la segunda entrega de esta serie de GloCal basada en la columna Las Máquinas en Marcha, retomamos el informe del Banco Mundial Industrial Policy for Development para profundizar en una idea que desarma uno de los mitos más instalados en la discusión económica: no existen países sin política industrial.

Lejos de la narrativa de neutralidad del mercado, el documento muestra que todos los Estados intervienen, de una u otra forma, en la orientación productiva. A partir del análisis de 183 planes nacionales de desarrollo, el informe concluye que cada país prioriza al menos una actividad económica, y que los países de menores ingresos tienden incluso a focalizar en más sectores que los desarrollados.

Este dato no es menor. Obliga a correr el eje del debate. Ya no se trata de discutir si el Estado debe intervenir, sino de comprender que esa intervención existe y que el verdadero desafío es su calidad.

El problema, señala el informe, es que no todos los países intervienen de la misma manera. En muchos casos, especialmente en economías en desarrollo, predominan herramientas generales: aranceles altos, subsidios amplios o incentivos poco focalizados. Estas políticas, aunque buscan proteger o estimular sectores, terminan afectando a toda la economía.

El propio Banco Mundial advierte que estos instrumentos “de amplio alcance” suelen generar efectos no deseados: aumentan costos, distorsionan precios y dificultan su reversión. Son, en términos analíticos, herramientas de baja precisión.

En contraste, los países que logran mejores resultados tienden a utilizar instrumentos más específicos. Políticas orientadas a resolver fallas concretas: formación de capital humano, infraestructura productiva, asistencia tecnológica o articulación sectorial. Es decir, intervenciones que no reemplazan al mercado, sino que lo hacen funcionar mejor.

Aquí aparece una distinción clave para la agenda productiva local. Desde una perspectiva GloCal, el desafío no es reclamar más o menos Estado, sino construir un Estado capaz de intervenir con inteligencia.

En territorios como Río Cuarto, esto implica fortalecer las instituciones intermedias, mejorar la capacidad de diagnóstico y diseñar instrumentos adecuados a las cadenas de valor regionales. No se trata de replicar modelos externos, sino de construir estrategias situadas.

El informe del Banco Mundial deja una enseñanza clara: la política industrial no es una excepción, es la norma. La diferencia entre países no está en intervenir o no, sino en cómo se hace.

Y en ese “cómo” se juega buena parte del desarrollo. Para así generar desarrollo productivo y mantener las máquinas en marcha.