Un país petrolero
Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea sostiene que Argentina comienza a dejar atrás su histórica dependencia del agro como única fuente de dólares. Energía y minería emergen como una segunda plataforma exportadora que reconfigura el mapa de la generación de divisas.
INDUSTRIA
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Durante décadas, la economía argentina convivió con una restricción estructural: la escasez de divisas. Cada ciclo de crecimiento encontraba un límite cuando faltaban dólares para sostener la producción, importar insumos o financiar inversiones. En ese escenario, el agro fue históricamente el principal proveedor de moneda extranjera y, en consecuencia, uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica.
Sin embargo, un reciente informe de Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, del IERAL de la Fundación Mediterránea, propone observar un cambio de fondo. A partir del análisis del balance cambiario del Banco Central, los autores sostienen que Argentina comienza a consolidar una segunda gran plataforma generadora de divisas, integrada por el petróleo, el gas y la minería.
La metodología utilizada resulta particularmente interesante porque no se limita a medir exportaciones brutas. El trabajo calcula el aporte neto de divisas de cada sector, descontando importaciones y considerando además los movimientos registrados en las cuentas corriente, financiera y de capital. El objetivo es responder una pregunta más relevante para la economía argentina: cuánto contribuye efectivamente cada complejo productivo a la oferta de dólares.
Los resultados muestran que el agro continúa liderando ampliamente. En los doce meses finalizados en abril de 2026 aportó cerca de USD 36.900 millones, mientras que el conjunto formado por petróleo, gas y minería generó alrededor de USD 18.300 millones. La diferencia sigue siendo significativa, aunque mucho menor que años atrás, cuando el agro llegó a aportar entre tres y cinco veces más divisas que el sector extractivo.
El informe atribuye este acercamiento principalmente al crecimiento de la producción energética, el desarrollo de Vaca Muerta, el aumento de las exportaciones y la reducción de las importaciones de combustibles. Al mismo tiempo, advierte que la energía y la minería aún demandan importantes inversiones, equipamiento y financiamiento externo, razón por la cual una parte relevante de los dólares que generan vuelve a salir del país durante la etapa de expansión.
Más allá de la discusión sobre el régimen tributario del agro o los incentivos específicos para la minería y la energía, el trabajo deja una conclusión de mayor alcance: Argentina comienza a construir una estructura exportadora menos dependiente de un único complejo productivo. La coexistencia de dos grandes plataformas de generación de divisas constituye una transformación relevante para la economía nacional y abre una oportunidad para pensar una estrategia de desarrollo basada en la complementariedad entre recursos naturales, industria, tecnología y agregado de valor, más que en la competencia entre sectores.




