Una peperina que crece en el sur
Córdoba impulsa la construcción de una educación dual con identidad propia, mientras que en Río Cuarto distintas iniciativas vinculadas a la educación técnica, la formación docente y el mundo productivo comenzaron a converger alrededor de una misma búsqueda: fortalecer los puentes entre escuela, trabajo y territorio.
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Cuando el ministro de Educación de Córdoba, Horacio Ferreyra, planteó el desafío de construir una “educación dual a la peperina”, la expresión sintetizó una idea que viene ganando espacio en distintos ámbitos de la provincia: pensar modelos de formación vinculados al trabajo sin copiar experiencias externas y atendiendo a las características de cada territorio.
En Río Cuarto, esa discusión encontró un terreno fértil. No porque exista un programa formal de educación dual ni una política organizada bajo ese nombre, sino porque durante los últimos años comenzaron a desarrollarse experiencias que, desde distintos lugares, fueron recorriendo caminos similares.
Uno de esos antecedentes fue la investigación Educación y Mercado Laboral, impulsada en 2024 por la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Río Cuarto. El estudio buscó comprender las trayectorias de los estudiantes técnicos, sus expectativas laborales y las dificultades que persisten para vincular la formación escolar con el entramado productivo regional. Aquella experiencia permitió incorporar a la discusión a docentes, empresarios, investigadores y funcionarios en torno a un desafío compartido: cómo fortalecer la relación entre educación y trabajo.
Al año siguiente, la articulación entre la Cámara y la inspectora regional de Educación Técnica, Delia Cavallini, dio origen al trayecto formativo Del Taller a la Fábrica. Más de un centenar de docentes de distintas localidades participaron de la propuesta, que alcanzó una tasa de egreso cercana al 70 por ciento. Más allá de los números, la experiencia permitió consolidar una comunidad de aprendizaje donde docentes de talleres, prácticas profesionalizantes y espacios técnicos compartieron experiencias y construyeron nuevas miradas sobre la enseñanza.
En paralelo surgieron otras iniciativas. La Mesa de la Matemática comenzó a trabajar sobre la articulación entre el nivel secundario y el superior, mientras que la participación en la Red Provincial de Investigación Educativa abrió debates sobre formación para el trabajo, certificación de saberes y vinculación con los sectores socioproductivos.
En esa misma línea, Cavallini señaló que uno de los desafíos hacia adelante es seguir profundizando la relación entre escuelas y sector productivo. Entre las iniciativas en evaluación mencionó la posibilidad de desarrollar un Laboratorio de Experimentación e Innovación orientado a entrenar docentes en metodologías de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), tomando problemáticas industriales reales y fortaleciendo el uso de las fábricas como entornos formativos para estudiantes y educadores.
Vistas por separado, cada una de estas experiencias responde a objetivos diferentes. Observadas en conjunto, muestran una misma dirección. Investigación educativa, formación docente, prácticas profesionalizantes, articulación institucional y vinculación productiva comenzaron a encontrarse en una conversación común.
Quizás allí radique el principal aporte de Río Cuarto a la discusión provincial. No en ofrecer un modelo terminado, sino en mostrar que la construcción de una educación técnica más conectada con el mundo del trabajo no nace de una única política ni de un único actor. Se construye en la intersección entre escuela, empresa, universidad y territorio. Y esa conversación, en el sur cordobés, ya está en marcha.
